Se agranda el hueco fiscal: Colombia sigue gastando más de lo que recauda, pese a las alertas
El Carf reconoció que el recaudo tributario mejoró en 2025, pero dejó claro que esto no es suficiente.
Graves señales de recalentamiento de la deuda pública agudizan la crisis fiscal
Colombia se encamina a cerrar el 2025 con un mensaje fiscal que, aunque menos estridente que en meses anteriores, sigue siendo preocupante, dado que la caja está en mínimos históricos y pese a que las alertas y recomendaciones gritan cada vez más duro que hay que recortar el gasto, el Gobierno sigue haciendo oídos sordos.
Prueba de esto es el más reciente informe de seguimiento fiscal del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), que reconoce una mejora en el recaudo tributario, pero advierte que el país continúa gastando por encima de sus ingresos estructurales, profundizando un hueco fiscal que no logra cerrarse y, por el contrario, parece que cada vez será más grande.
En una nueva actualización de la situación fiscal del país, este comité arrancó contando que el recaudo bruto acumulado a octubre alcanzó los $249,1 billones, lo que representa un crecimiento nominal de 11,7% frente al mismo periodo de 2024; mientras que en términos reales, el aumento fue de 5,9%, una señal positiva después de varios meses de debilidad.

Objetivos que no se alcanzarán
Sin embargo, el propio Carf subraya que este resultado apenas equivale al 82% de la meta anual fijada por la Dian, dejando claro que la mejora no alcanza para cumplir los objetivos fiscales del año y que este año tampoco se cumplirían las ambiciosas metas de recaudo que han caracterizado a la actual administración.
La situación es similar cuando se observa el recaudo neto, que descuenta devoluciones y recaudo con papeles, dado que a octubre, este ingreso sumó $228,7 billones, con un crecimiento real de 4,9% y aunque el avance supera al de 2024, el Comité advierte que sigue siendo insuficiente frente al crecimiento de 14,9% requerido para cumplir la meta del Marco Fiscal de Mediano Plazo.
A partir de eso, estiman que incluso con los ajustes metodológicos introducidos por la Dian, incluida la incorporación de ingresos derivados de la declaratoria de conmoción interior, el faltante persistirá. De hecho, el Carf mantiene su proyección de que el recaudo neto cerrará el año $8,3 billones de pesos por debajo de la meta oficial; lo que quiere decir que la mejora, aunque real, no tapa la fragilidad de los ingresos fiscales.
Entre tanto, mientras los ingresos avanzan con dificultad, el gasto sigue mostrando una dinámica más acelerada en la que a noviembre, el gasto fiscal total del Gobierno Nacional Central alcanzó el 20,3% del PIB, y el gasto primario llegó a 17,3% del PIB. Aunque el gasto total fue ligeramente inferior al de 2024, el gasto primario, el que excluye intereses, se ubicó por encima, reflejando presiones persistentes sobre el presupuesto.

El Carf es explícito al señalar que el gasto primario cerrará 2025 en niveles superiores a los programados y según su escenario base, este rubro alcanzará los $362,2 billones, equivalentes a 19,7% del PIB, lo que representa un desvío de $9,1 billones frente a la meta del Marco Fiscal de Mediano Plazo. En el informe se recalca que “el gasto primario representa el 90,2% de la meta anual”, cuando aún faltaba el cierre de vigencia.
Un gasto desbalanceado
Cambiando de frente, el informe del Carf también abordó la ejecución presupuestal y en sus datos queda claro que hay un desbalance en la forma que se está gastando, dado que en noviembre, las obligaciones ejecutadas alcanzaron 77,4%, un nivel 6,3 puntos porcentuales superior al observado un año atrás y aunque la inversión sigue siendo el componente con menor ejecución efectiva, el ritmo del gasto en funcionamiento y servicio de la deuda continúa siendo elevado, reduciendo el margen de ajuste en el corto plazo.
El resultado natural de este desbalance entre ingresos y gastos ha sido un mayor endeudamiento que lleva a que en octubre, la deuda bruta del Gobierno Nacional Central se ubicara en 64,1% del PIB, el nivel más alto registrado en la historia reciente; por lo que el Carf señala que este aumento se explica tanto por la deuda interna como por la externa, en un contexto donde el crecimiento nominal del PIB no ha sido suficiente para contener el indicador.
Más allá del nivel, el comité pone el foco en la composición de la deuda y sostiene que aunque en octubre se redujo la participación de los Títulos de Corto Plazo (TCO), el financiamiento interno de corto plazo sigue representando 19,7% del total, muy por encima del promedio histórico cercano al 11%; lo cual mantiene riesgos de refinanciación y presión sobre la caja del Estado.

A esto hay que sumarle que el entorno financiero tampoco ha ayudado, puesto que durante noviembre, los TES registraron desvalorizaciones a lo largo de toda la curva de rendimientos, con aumentos promedio de 74 puntos básicos en las tasas y las indexaciones acumuladas de los TES en UVR ya superan la meta anual prevista en el Marco Fiscal, lo que anticipa mayores gastos por intereses y una presión adicional sobre el balance fiscal.
La olla está raspada
A este panorama se suma una señal especialmente delicada por cuenta de la situación de caja, que al 28 de noviembre muestra una disponibilidad de flujo en pesos que cayó a $7,1 billones de pesos, es decir, 22,8 billones por debajo del promedio histórico para ese mes. Ante esto, el CARF advierte que “la caja en pesos se ha ubicado por debajo de los mínimos históricos desde mayo”, un síntoma claro de estrés de liquidez.
A esto se puede sumar que nuevas revisiones del mercado advirtieron que el pasado 5 de diciembre, este indicador cayó a $1,4 billones que por ahora queda como el dato más bajo en la historia del país y prende alertas sobre la forma en la que el Gobierno honrará sus compromisos comenzando el 2026.
La caída de la caja se dio en paralelo a una reducción del portafolio de TES del Ministerio de Hacienda y limita el margen operativo del Gobierno para cerrar la vigencia y aunque el comité aclara que no tiene información sobre la caja en moneda extranjera, la señal en pesos resulta suficiente para reforzar la advertencia central del informe frente a que el ajuste fiscal sigue sin materializarse de manera estructural.

De esta forma no queda duda de que Colombia recauda más que en 2024, pero no lo suficiente para financiar un gasto que sigue siendo alto y rígido y que la consecuencia de todo esto se ve en forma de una deuda creciente, mayores costos financieros y una caja cada vez más estrecha. Como insiste el Carf a lo largo del documento, la mejora de corto plazo no corrige el desequilibrio de fondo que sigue ampliando el hueco fiscal del país.
